El blog del Consejo Editorial
Un recurso peligroso
Roberto Gallardo

¿Qué ha pasado con el debate sobre el TLC? Ha perdido credibilidad e interés para la ciudadanía, que es lo que normalmente pasa cuando quienes dominan la discusión son los extremistas, más preocupados por desacreditar al oponente que presentar argumentos creíbles. Normalmente, cuando esto sucede, las posiciones se fijan no como resultado de una valoración objetiva, sino como producto de lo que cada actor percibe como una posición ética superior. Detrás de esto hay una gran intolerancia y una peligrosa propensión al totalitarismo. Creer que uno tiene razón porque el otro tiene una calidad moral inferior a la propia es signo de un evidente desprecio a la diversidad.

En este contexto, hay gente que se siente absolutamente autorizada a decir cualquier cosa, a juzgar con ligereza el carácter y las intenciones de las personas si estas se oponen a su posición. No hay visiones políticas divergentes, lo que hay son manifestaciones de sórdidos intereses impulsados por el egoísmo o el cálculo, o quien sabe cuáles sombrías razones mas. Ningún oponente a mis ideas puede ser honesto, riguroso ni patriota como lo soy yo. En el fondo quienes actúan de esta manera se asumen superiores no en el campo de las ideas, sino en el de la moral. Esta peligrosa mezcla de política y moral, que tantos réditos electorales ha significado para ciertos políticos, es una amenaza latente contra nuestro sistema: si lo que se sostiene proviene de una ética superior la discusión no es siquiera necesaria, y la institucionalidad es un detalle menor en el desarrollo de una idea moralmente incontestable. Todo totalitarismo nace de este tipo de confusión.

La discusión sobre el TLC ha estado llena de posiciones de este tipo. Las acusaciones que se han cruzado en esta coyuntura en la que el país deberia estar abocado a la valoración objetiva de argumentos serios, son de una irresponsabilidad aterradora. Ya no es solo que se hacen generalizaciones ofensivas, sino que además se insulta con nombres y apellidos a las personas que tienen una posición contraria. Este ambiente malsano no puede generar nada positivo. Aveces pareciera que hay grupos apostando que eso sea así. En medio de este clima de excesos, la ciudadanía se siente decepcionada. Percibe la importancia del tema, pero no encuentra elementos que le permitan fijar una posición en un debate como el descrito. No le creen a los que hablan. Y terminan siendo más indiferentes, más escépticos y por lo tanto, teniendo cada vez menos esperanza.

Acudir al recurso de la descalificación moral es peligrosísimo. Ojalá esta locura se detenga a tiempo, antes que la irracionalidad se desborde y terminemos teniendo consecuencias irreversibles.

 

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