Editorial
El debate sobre el informe presidencial del 1º de mayo

Todos los primeros de mayo es lo mismo: el Presidente de la República presenta su informe y la reacción en la Asamblea Legislativa es absolutamente predecible: los diputados oficialistas ensalzan sin cuestionamientos la gestión gubernamental y los diputados de oposición desestiman sistemáticamente cualquier logro alcanzado. El exceso, decía Baltasar de Gracián, es hermano de la mentira. La verdad no está en ninguno de los extremos.


En este ciclo post primero de mayo está implícito un irrespeto a la inteligencia popular que deriva en la deslegitimación de sus principales actores, en este caso, los diputados. La gente sabe si las cosas se están haciendo bien o no. El ciudadano tiene suficiente criterio como para se crea que esa percepción de la realidad será cambiada con un discurso evidentemente interesado, de diputados que de entrada renuncian a cualquier rigor en la discusión del informe presidencial desde el momento mismo en que emiten una opinión terminante apenas segundos después de haber finalizado el Presidente su alocución. Creer que la exageración y la falta de objetividad pueden convencer a alguien es una falta de respeto. Desafortunadamente de esto está lleno el “debate” sobre el informe presidencial.

El camino hacia la revitalización de la confianza ciudadana en sus instituciones democráticas pasa por supuesto por el mejoramiento de las condiciones de vida de la población. Pero también por una práctica política renovada, que evite los excesos en una u otra dirección. El informe presidencial ante la Asamblea Legislativa debería ser un espacio de reflexión nacional sobre el rumbo del país. Si se discrepa de lo que se está haciendo, lo responsable es hacerlo evidente, pero ofreciendo alternativas y teniendo el coraje de reconocer aquello en lo que el Gobierno haya acertado. Si se coincide con lo realizado, explicarlo de cara a los retos futuros, aceptando que aunque se puede haber avanzado habrá cosas que no se hicieron de la mejor manera o no se hicieron del todo. Un debate de esta naturaleza tendría sentido, y es lo que se merecen los ciudadanos de este país.

 

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